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Javiera Pérez Escalante

Javiera Pérez Escalante (Santiago, 1964)

Javiera Pérez Escalante es una artista visual chilena que ha desarrollado una importante trayectoria gráfica. Su obra se caracteriza por estar llena de pequeños trazos que van armando una geografía abstracta pero al mismo tiempo figurativa, en donde lo central es la reducción de los medios, la rigurosidad de lo mínimo y también el azar en una especie de oscilación entre azar y control.

Formada en la Universidad de Chile en pintura y posteriormente en la Universidad Católica donde se titula en Pedagogía, Javiera en sus primeros años en la Universidad de Chile es parte de un boyante epicentro artístico donde circulan profesores de la talla de Adolfo Couve, Alberto Pérez, Gonzalo Díaz y Rodolfo Opazo. En su paso por la Universidad Católica destaca algunas clases que fueron muy relevantes en su formación como las de Eduardo Vilches en grabado y posteriormente con Rodrigo Galecio y Magdalena Atria en un periodo de formación de posgrado. 

Javiera proviene de un entorno familiar muy relacionado con el arte. Su padre, Javier Pérez Castelblanco, fue un destacado fotógrafo que participa de la escena cultural de los años 50 al 60 y también fue el dueño de “Estudios Ray”. Su madre, Diana Escalante, fue maestra de danza, bailarina del Teatro Municipal y una de las primeras fotógrafas especializadas en danza. 

Es dentro de ese contexto donde Javiera comienza a tener una aproximación poética hacia la vida, el deseo de observar lo intangible, el interés por lo estético, todo de alguna manera contenido en la belleza de aquellos materiales fotográficos que veía en su infancia, la fragilidad, la luz como elemento esencial y el misterio de su química.

En esa misma línea, Javiera cree que el arte es una actividad inseparable de la vida misma, se construye a partir de ella, uno entiende cosas, uno aprende cosas, uno toma decisiones que algunas veces pueden funcionar y otras no, sin embargo ese es el misterio, algo que siempre se busca una y otra vez.

Respecto a los andamios que soportan el trabajo visual de Javiera,  habría que comenzar destacando una búsqueda estética con una economía radical de medios: tela cruda, anilina, el pulso, papel térmico, tinta, grafito, nada sobra. El dibujo se ofrece directo, vital, sin red de corrección posible: la anilina entra en la trama misma. Así, cada trazo es un acontecimiento, un registro que persiste, un resto que habla. Trabajar desde la fragilidad de los materiales y la síntesis del dibujo exige una ética: sostener la incertidumbre sin clausurar el sentido, aceptar que el soporte piensa, que el error respira, que la memoria no es una imagen fija sino una tensión de capas, reservas y huellas mínimas. 

Recientemente estuvo realizando una tutoría de Arte con Natalia Babarovic y Christian Yovanne la cual ha resultado ser una experiencia relevante en términos de enriquecerse como artista y su propuesta estética.